Argentina es un socio atractivo para Washington

Argentina es un socio atractivo para Washington

Por la tensión en la relación entre Estados Unidos y México, por un lado y la profunda crisis que enfrenta Brasil, por el otro, Argentina puede mostrarse como un articulador político y económico de importancia en América Latina y usarlo en su provecho

El próximo 27 de abril, Mauricio Macri se reunirá en la Casa Blanca con Donald Trump. Luego de haber apostado públicamente por la victoria de Hillary Clinton, el Gobierno deberá aprovechar esta oportunidad para sentar las bases de una relación que, de ser definida correctamente, debería favorecer los intereses de Argentina. Un encuentro entre presidentes es, en parte, una negociación y, como en toda negociación, es importante tener en claro el grado de influencia que cada una de las partes puede ejercer sobre la otra. Si bien resulta obvio que la mayor potencia del planeta tiene la capacidad para premiar o castigar a un país de peso medio como el nuestro, no debemos olvidar que Argentina también tiene algo que ofrecer.
 

Por lo pronto, y debido a que Estados Unidos mantiene con Argentina un superávit comercial, no deberíamos estar en la lista de los países con los cuales la nueva administración buscará renegociar acuerdos. Pero más importante aún es el hecho de que Argentina es un socio atractivo para Washington. Esto se debe principalmente a que México y Brasil –que junto con Argentina son las mayores economías de América Latina y los únicos países de la región en el G20– enfrentan un serio conflicto comercial con Estados Unidos, en el primero de los casos, o una profunda crisis social y política, en el segundo, que alejan a Brasilia de la mesa de decisiones. Esto significa que, al menos por un tiempo, Argentina puede mostrarse como un articulador político y económico de importancia en América Latina.
 

Dadas estas circunstancias, ¿qué tipo de agenda deberían llevar nuestras autoridades a Washington? Dos puntos centrales ya han sido mencionados por la Casa Blanca al momento de anunciar la reunión de los presidentes: las relaciones económicas y la colaboración en el plano de la seguridad. Si bien Estados Unidos no es un socio comercial de importancia para Argentina –menos del 7% de nuestras exportaciones se dirigen a este mercado– sí puede ser clave a la hora de recibir las inversiones que necesitamos para desarrollarnos. Y no sólo me refiero a la cantidad de inversiones, sino también a su calidad.
 

Veamos un par de ejemplos. El despegue definitivo de la industria del software argentino en parte dependerá de la sinergia que ésta logre establecer con Sillicon Valley. Empresas como Globant y MercadoLibre han demostrado que Argentina es competitiva en el rubro tecnológico, pero que aún necesita agregar valor. Alcanzar un mayor grado de conectividad, física y virtual, entre las comunidades tecnológicas de ambos países nos ayudaría a conseguir este objetivo. Más relevante aún es la posible participación de Estados Unidos en Vaca Muerta. Es difícil pensar que esta enorme fuente de riqueza pueda ser explotada si no llega al país el ecosistema de empresas estadounidenses que inventaron, y siguen liderando, la explotación de los hidrocarburos no convencionales.
 

El hecho de que el Secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, conozca el potencial energético argentino debido a su paso por ExxonMobile debería facilitar la construcción de puentes entre Texas y Neuquén. Si bien el intercambio comercial entre ambas economías es aún bajo, no debemos dejar de negociar la apertura del mercado estadounidense para ciertos productos argentinos (de los cuales los limones quizás sean, debido a las restricciones que enfrentan, el más conocido). Dado el elevado grado de proteccionismo y el atraso productivo que sufre Argentina, en los próximos años tendremos que incrementar los flujos comerciales y Estados Unidos tendrán un importante rol que jugar en este proceso.
 

Para lograr los objetivos económicos aquí mencionados habrá que plantear en Washington la necesidad de negociar acuerdos comerciales y de inversiones que favorezcan nuestros intereses. En cuanto a la seguridad, el Gobierno argentino tendría que dejar en claro que no busca provocar a la mayor potencia militar. Tenemos que entender que ciertas decisiones –como fue la instalación de una base de observación espacial china en Neuquén– pueden ser interpretadas de esta manera. Pensando en la necesidad de modernizar nuestras Fuerzas Armadas, el hecho de que Argentina siga siendo un aliado extra OTAN de Estados Unidos puede servirnos para conseguir armamento a valores razonables.
 

Por último, habrá que afianzar la colaboración que ambos países recientemente establecieron para luchar contra las bandas criminales. El principal objetivo argentino debería ser disminuir el accionar del narcotráfico dentro de nuestras fronteras. Pero más allá de la agenda bilateral, también tenemos que pensar en términos globales. Un logro concreto en este sentido consistiría en lograr que Estados Unidos apoye un intento argentino por liderar la convergencia entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico. Algunos de los beneficios que esta estrategia tendría para el país serían la ampliación de un mercado regional que nos volvería más productivos –única manera de incrementar los salarios reales– y alcanzar un mayor grado de influencia a nivel regional y global. En definitiva, dada la situación estratégica en la que se encuentra Argentina podemos esperar que, a diferencia de lo que le ocurrió a Angela Merkel y al primer ministro japonés Shinzo Abe, Trump le dé un amistoso apretón de manos a Macri. Está en nosotros aprovechar esta oportunidad.

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