Azúcar, villana de la nutrición

Editorial

Azúcar, villana de la nutrición

La prohibición de ofrecer "canilla libre" de bebidas azucaradas, que entró en vigor en Francia, pone en negro sobre blanco la convicción creciente de que para combatir la epidemia de obesidad, y sus morbilidades asociadas, es imperioso disminuir el consumo de azúcar agregada a los alimentos. En estos días, el azúcar aparece como la villana preferida de los nutricionistas. Francia ya había establecido impuestos a las bebidas azucaradas en 2012; Chile identifica los alimentos altos en azúcar con una etiqueta negra a modo de advertencia de que hay que tratar de no consumirlos o hacerlo esporádicamente.
 

La literatura científica acumula evidencias en su contra. Por ejemplo, un estudio del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni) analizó los patrones de "picoteo" de los argentinos, y mostró que el snacking agrega una quinta comida al menú diario y que el 33% elige golosinas, bebidas azucaradas o panificados. Una parte nada desdeñable de los azúcares viene agregada a las infusiones, como el mate o las bebidas. Y a esto hay que sumarle la que llega en las mermeladas, galletitas y los postres. Es decir, que el azúcar es el principal vehículo de calorías de baja calidad en la mesa de los argentinos.

 

Hay que tener en cuenta que según las recomendaciones de la OMS, las bebidas azucaradas no deberían aportar más de 25 g de azúcares, una cantidad que equivale a apenas 250 cm3 de gaseosa. Sin embargo, se calcula que, en términos energéticos, diariamente podemos ingerir inadvertidamente un plato de comida extra en forma de líquidos e infusiones azucarados, para los que nuestro organismo no tiene mecanismos adecuados de control de saciedad. Otro trabajo del mismo equipo muestra que, de los aproximadamente dos litros y medio de líquidos que tomamos todos los días, el 50% son bebidas con sabor e infusiones azucaradas; el 29%, bebidas e infusiones sin azúcar, y el 21%, agua.
 

Según ese trabajo, el 46% de nuestros actos de consumo alimentario corresponde a bebidas, y el aporte oculto de calorías proveniente de las azucaradas representa entre el 9 y el 15% del total diario. Equivale a entre 200 y 400 calorías "vacías" extras, lo que excede las cantidades de carbohidratos simples recomendados por la OMS. Si se tiene en cuenta que basta un desbalance de apenas el 1% entre nuestro consumo y nuestro gasto energético para justificar un aumento de 15 kilos en diez años, se advierte el peso del aporte calórico oculto en las bebidas.

 

Hasta tal punto que los especialistas recomiendan no tomar bebidas con azúcar agregado, pero tampoco con edulcorantes artificiales para desacostumbrarse del gusto dulce. Otro trabajo que se presentó en la jornada inaugural del XV Congreso Latinoamericano y XI Congreso Argentino de Nutricionistas también ofreció un bocado difícil de tragar: en la mesa local sobran los azúcares agregados y una de cada tres calorías que ingerimos es de baja calidad.
 

Diagnósticos de otros investigadores indican que nuestra alimentación se basa en tres familias de productos: trigo, azúcar y carne, que acaparan el 60% de las calorías totales. Muchas de ellas provienen de gaseosas azucaradas, postres y facturas. Es decir, que el exceso de alimentos como el pan, las galletitas y el azúcar, ricos en energía de absorción rápida y pobres en micronutrientes esenciales, conduciría a una dieta carente de estos últimos e impulsaría el aumento de peso. Y contrariamente a lo que podría pensarse, estas deficiencias no se registran sólo en la población más vulnerable: atraviesan todas las clases sociales y edades.

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