Cristina sí o no, el dilema del peronismo Disney

Cristina sí o no, el dilema del peronismo Disney

Cristina sí o no, el dilema del peronismo Disney

Fernando González

El acto del martes encabezado por la CGT dejó dos noticias para el peronismo. Una buena y otra mala. La buena es que la movilización fue masiva y que le devolvió al movimiento cierta gimnasia de la competencia por el poder. Esa que parecía haber perdido después de la derrota ante Mauricio Macri en las presidenciales del 2015 y que la saga judicial protagonizada por Cristina, Lázaro Báez, José López y el resto del elenco estelar de la corrupción kirchnerista había dejado por el piso. La mala noticia para los herederos de Juan Domingo Perón es que la renovación de ese espacio político, vigente desde hace 72 años, está muy lejos de concretarse. Y las trompadas al pie del palco entre los barrabravas de las facciones gremiales y partidarias demuestran que no será fácil resolver la batalla por el liderazgo. Con Cristina candidata o sin Cristina candidata parece ser la línea divisoria entre las dos trincheras que ya empezaron a combatir por la jefatura en discusión.
 

Los peronistas veteranos de la década del 70 sonreían mientras miraban las imágenes violentas del martes pasado. “Esto es una película de Disney”, se solazaban por lo que consideran una copia pasteurizada de aquellos episodios sangrientos registrados durante el retorno de Perón a Ezeiza, el 20 de junio de 1973. Sonrisas imperdonables para rememorar la inútil sucesión de asesinatos con que la guerra del peronismo entre el lópezrreguismo y los Montoneros alfombró el descenso de la Argentina hacia el subsuelo del horror y de la dictadura militar.
 

Afortunadamente, la interna del peronismo post kirchnerista se dirime en cambio con la exhibición de estructuras políticas y gremiales, de micros para los actos, planillas de planes sociales y alguna que otra trompada cuando los ánimos se van de cauce. No es una película de Disney precisamente pero se puede decir, y perdón por el término, que el peronismo también ha cambiado con los años. Claro que las elecciones legislativas de octubre plantean la modificación más profunda que el movimiento se debe desde la renovación trunca que lideró Antonio Cafiero a fines de los 80 o la renovación desde afuera que intenta Sergio Massa desde su desafiante victoria en 2013. Cuando se aproximan las semanas decisivas para definir los candidatos legislativos, el peronismo es un cabildo hirviente en la Ciudad y en la provincia de Buenos Aires.
 

Los peronistas porteños se dividen entre el kirchnerismo duro y La Cámpora, con Mariano Recalde y Gabriela Cerruti como caras visibles. Y del otro lado aparece un sector más moderado en el que abrevan Jorge Taiana, Víctor Santamaría, Gabriel Fuks, quienes siguen teniendo al ex ministro Daniel Filmus como referencia histórica. Todos se preparan para la confrontación interna aunque sueñan con un acuerdo final. Algo parecido les pasa en la provincia de Buenos Aires. El kirchnerismo empuja la candidatura de Cristina. Y ha salido su ex ministro Florencio Randazzo a dar la señal de la confrontación. En el medio y desplegando el arte discreto de la negociación, Fernando Espinoza encabeza a un grupo de intendentes y dirigentes del Gran Buenos Aires que también apuestan a un acuerdo general que deje a la ex presidenta fuera de las boletas electorales. Pero entre ellos persiste una duda fatal. ¿Cómo enfrentar en sus distritos a una lista donde figure el nombre de Cristina si, finalmente, se llega a la instancia de una interna peronista a todo o nada? Ayer mismo, en un revelador reportaje con Clarín, uno de los jefes bajo fuego de la CGT dijo con todas las letras lo que la mayoría del peronismo prefiere callar. Ante la pregunta sobre si debería ser candidata, Héctor Daer respondió: “Sería bueno que no lo fuese, aunque sea importante como representante de un sector. Tendría que tener un gesto de grandeza y no ser candidata. Eso posibilitará que el peronismo se mire hacia adentro y no hacia fuera, que sería un gran error”. La decisión final será de Cristina. Ella tiene en sus manos la oportunidad de dar un paso al costado o la de convertir al peronismo en un nuevo campo de batalla por el liderazgo.
 

Sin embargo, la renovación de su estructura no es el único desafío del peronismo Disney. En el fondo de esa transformación están las sospechas sobre su comportamiento para disputar el poder. La tendencia a acelerar los tiempos y a utilizar su influencia sobre los aparatos sindicales afines, sobre los medios de prensa en manos de amigos o sobre los bolsones corruptos de la Justicia para arrinconar a los gobernantes de turno. Lo hizo el menemismo con Raúl Alfonsín; lo hizo el duhaldismo con la Alianza y el kirchnerismo fantasea con provocarle a Macri una pesadilla parecida.
 

Tal vez sea un camino corto y seductor, pero no es el camino que le devolverá la confianza de los sectores mayoritarios de la sociedad. El peronismo necesita transitar nuevamente el sendero de la tolerancia. Y, como señaló Daer con prudencia, ese aprendizaje se consolida resolviendo las miserias del adentro antes de entusiasmarse con los fuegos artificiales del afuera.

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