La inflación que desea Japón no es la que sufre la Argentina

20/03/2017
Cancillería Clarín Opinión Pág. 20
PAÍS ADOLESCENTE

La inflación que desea Japón no es la que sufre la Argentina

fgonzalez@clarin.com

Había una vez un país muy lejano que quería tener inflación más alta para poder crecer. Y aunque parece un cuento de ciencia ficción visto desde estas tierras, ese país existe y será visitado por Mauricio Macri en el próximo mes de mayo. Japón no sólo es la tercera economía del planeta sino que, desde hace cinco años, su primer ministro (el dirigente liberal Shinzo Abe) ha puesto en marcha un programa para escapar de la deflación de entre el -1 y el -2% que deprime a su país desde hace tiempo e incentivar las exportaciones para estimular el crecimiento económico.

Cuando visite Tokio, Macri se va a encontrar con país desarrollado, moderno y tecnológico que intenta dejar atrás el karma de la recesión y la inmovilidad de una población que, desde hace una década, permanece estancada en los 120 millones de habitantes.

Los japoneses jóvenes, como los integrantes de algunas sociedades europeas, no tienen hijos o apenas admiten un hederero. Y esa es una pésima señal para las economías deprimidas de este tiempo.

Claro que cuando los japoneses hablan de inflación sonríen. “Necesitamos un poquito de inflación pero no la de ustedes, eso está claro?”, dicen. La aclaración es imprescindible.
Un punto o dos de inflación anual podría ser el incentivo que los vuelva a poner en el escenario deseable del crecimiento.

Pero a Japón, como a cualquier otro país desarrollado, le espanta el nivel del costo de vida en la Argentina. Y siguen de cerca los esfuerzos del gobierno macrista para ubicar la escalada inflacionaria del país adolescente en cifras más cercanas a la racionalidad de la inflación de un dígito anual.

Después de treinta años, Japón ha vuelto a poner la mirada sobre la Argentina. Y la primera señal sobre ese cambio se registró en mayo del año pasado cuando el primer ministro recibió a la vicepresidenta, Gabriela Michetti, en Tokio. Hacía mucho que un alto funcionario de ese país no se encontraba en dependencias del gobierno con un par argentino.

“Me encanta la carne argentina”, le dijo entonces Shinzo Abe a Michetti, recordando el paso de sus abuelos por la Argentina del siglo pasado. Y la vicepresidenta aprovechó para pedirle que abrieran más el mercado japonés al ingreso complicado de las carnes argentinas.

El macrismo empezó a enterarse en esos meses de la radiografía del declive de las relaciones bilaterales. Japón tenía, a fines de los año 90, cerca de 120 empresas que invertían y crecían en la Argentina. Ese número cayó estrepitosamente en el 2001 a las 54 compañías que hoy mantienen la influencia empresarial japonesa en el país. Y para muestra del lugar olvidado que tenemos en la región bastan un par de ejemplos. México tiene en su geografía 1.000 empresas japonesas en expansión y Brasil conserva más de 700 compañías, además de una colonia de familias de origen japonés muy gravitantes en el sur del país.

Hemos quedado muy lejos de esos números pero Japón ha vuelto a convertirse en una opción atractiva para este tiempo de retorno económico al mundo. Esa es la sensación que se advirtió, por ejemplo, en el reciente seminario empresario que organizó en Buenos Aires la influyente revista británica The Economist.

En esas jornadas, una de las estrellas del ciclo fue el embajador japonés en la Argentina, Noriteru Fukushima, dueño de un español perfecto por haber nacido en México y cumplido tareas diplomáticas en Perú. “Japón tiene mucho interés por volver a invertir en la Argentina; es un país que tiene mucho potencial y es amigable para nosotros”, le dijo el diplomático a Clarín. Pero agregando enseguida que, para que la relación bilateral vuelva a funcionar como en el pasado, se necesitan nuevos tratados económicos que protejan las inversiones.

Japón tiene listos anuncios por unos 1.000 millones de dólares en inversiones. No es novedad que Toyota es una de las compañías líderes en el mercado automotriz y que está apostando a fortalecer su posición en el sector.

También es sabido el interés de Honda por consolidar su lugar y Nissan ya ha anunciado su decisión de comenzar a fabricar una de sus camionetas en la Argentina. Se espera también el regreso de Mitsubishi, que ha priorizado su desarrollo en Brasil, y el acompañamiento de Bridgestone, fabricante mundial de neumáticos que tendrá más demanda si se produce “la revolución de un millón de autos por año” que Macri promueve en cada una de sus apariciones públicas. Y, además de los autos, el interés de Japón se extiende a sectores dinámicos de la economía argentina como la agroindustria y la explotación del litio en el norte del país.

Cuando se escucha a los diplomáticos japoneses en la Argentina, surgen datos insólitos a esta altura del intercambio global. A ellos les gustaría tener en los supermercados de sus ciudades vino Malbec mendocino o lácteos de los muy buenos que se fabrican en el país.

 

Pero en esas góndolas hoy se imponen los vinos chilenos o los lácteos europeos y brasileños.

Una puñalada en el corazón para una buena cantidad de empresarios argentinos que gastan la mayoría de sus esfuerzos en reclamar beneficios para el superpoblado mercado interno pero no acostumbran a mirar las oportunidades que se multiplican en el universo exportador. Japón es apenas una muestra del cambio cultural que necesita la Argentina. Un cambio que será mucho más accesible si se abren los ojos al mundo. 

www.prensa.cancilleria.gob.ar es un sitio web oficial del Gobierno Argentino