Otro desafío: ¿Cómo tratar con Trump?

Otro desafío: ¿Cómo tratar con Trump?

No caben muchas dudas de que la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos representa un hecho sorprendente y disruptivo, que tendrá vastas consecuencias en las relaciones internacionales y que obligará a los gobiernos de todo el mundo a adaptarse al nuevo escenario y tomar sus recaudos.

Sus promesas de revisar los compromisos y acuerdos multilaterales, producir un giro drástico hacia el proteccionismo, blindar las fronteras y expulsar a millones de inmigrantes indocumentados, podrán o no llevarse a la práctica en el corto plazo pero tienen ya un impacto inmediato: el de poner a cada país alerta y a la defensiva, porque se viene un mundo más conflictivo e inestable.

El gobierno argentino, como la mayoría de gobiernos del continente, acompañó con expectativa un esperado triunfo de Hillary Clinton, que hubiera significado una continuidad con las políticas de Obama.
Acaso con algo de imprudencia, esto se tradujo en un respaldo público a quien finalmente resultó derrotada. Por eso, la conversación telefónica entre el presidente Macri y Donald Trump, que tuvo lugar este lunes, fue recibida con cierto alivio y beneplácito en el Gobierno.

Según se informó, durante los 15 minutos que duró la charla, no sólo recordaron que se conocen de tiempo atrás sino que también se comprometieron a “trabajar en una agenda común para el crecimiento de los dos países”.

 

La canciller Malcorra destacó el gesto de Trump de atender al presidente argentino el mismo día en que habló con los líderes de Rusia y China, Vladimir Putin y Xi Jinping.

Así, Macri se convirtió en el tercer presidente latinoamericano que habló con el próximo mandatario norteamericano, luego de Enrique Peña Nieto, de México, y Juan Manuel Santos, de Colombia.

En esos minutos de conversación telefónica, Macri llegó a decirle a Trump que espera verlo en Buenos Aires para la cumbre del G-20, que se hará aquí en 2018, y este le respondió que lo espera antes de ese año en la Casa Blanca.

Como se sabe, los dos se conocieron en los años ‘90, cuando trataron como hombres de negocios en Nueva York y compartieron reuniones y algún partido de golf.

Acaso ese conocimiento personal contribuya a generar alguna corriente de simpatía o afinidad que puede lubricar la relación en el nivel de la diplomacia presidencial. Pero lo cierto es que a la hora de reseñar, al día siguiente, la lista de mandatarios extranjeros que lo habían llamado, Trump no se acordó de la Argentina.

En lo inmediato, sabemos que para avanzar en los primeros ejes comunes de trabajo bilateral, la Cancillería y la embajada argentina en Washington se propone establecer contacto con los equipos de Trump. De hecho, en los últimos días el embajador argentino, Martín Lousteau, mantuvo encuentros con referentes desta- cados del equipo del próximo presidente para ajustar temas de la agenda bilateral. Malcorra añadió que Trump entendió que “la Argentina ha hecho un planteo de apertura al mundo y que Estados Unidos es un socio importante de esa apertura”.

Sobre este rumbo se propone trabajar Macri con la nueva administración norteamericana.
Está claro que no alcanzará con declaraciones de propósitos y buena voluntad para mejorar nuestra inserción internacional.

Menos aún con un Gobierno de los EE.UU. que no mostrará interés alguno que no sea el de satisfacer sus propios intereses, tal como ya lo adelantó el presidente electo en su primer mensaje tras la victoria.

Se vienen tiempos duros en los que habrá que repensar los beneficios y perjuicios de una globalización que en esta etapa de reflujo y retracción mostrará sus facetas menos agradables o cooperativas. La situación internacional obligará a nuevas adaptaciones para responder a un mundo más complejo, exigente y conflictivo. Un panorama que aconseja flexibilidad, destreza, pragmatismo en la defensa de nuestros intereses. Y, sobre todo, evitar sobreactuaciones que -lo muestra la historia- terminan teniendo más costos que beneficios, aunque traigan complacencias inmediatas o halagos pasajeros.

Menciones: 

La canciller Malcorra destacó el gesto de Trump de atender al presidente argentino el mismo día en que habló con los líderes de Rusia y China, Vladimir Putin y Xi Jinping.

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