Su marido la tenía retenida en Egipto y logró volver, pero debió dejar a sus hijas

EL DRAMA DE UNA MUJER MISIONERA VÍCTIMA DE VIOLENCIA EN EL EXTERIOR

Su marido la tenía retenida en Egipto y logró volver, pero debió dejar a sus hijas

No podía irse porque para la ley egipcia “la mujer es propiedad del esposo”. Ahora quiere recuperar a las nenas.

MISIONES. CORRESPONSAL.
misiones@clarin.com

Carolina Pavón ganó la primera batalla judicial. Tras vivir un verdadero calvario en Egipto cuando decidió separarse de su esposo -al que acusó de golpearla en varias ocasiones-, es- ta madre misionera consiguió regresar al país. Ahora se prepara para iniciar una nueva pelea legal para poder reencontrarse con sus dos hijas, a las que no ve desde hace más de un año.

Con apoyo de la Cancillería argentina y de la fundación que preside Gabriela Arias Uriburu, Pavón logró que la Justicia egipcia diera marcha atrás con la orden que le impedía abandonar el país africano y mantenía trabado el proceso de divorcio.

Carolina, que es de la ciudad misionera de Montecarlo, llegó a Ezeiza el domingo y abordó otro avión hasta Puerto Iguazú, donde viven su madre y hermanos. La mujer decidió quedarse allí unos días antes de vol- ver a su pueblo natal, aunque cree que deberá radicarse en Buenos Aires para poder seguir de cerca todo el proceso judicial que podría terminar con un final soñado: el reencuentro con sus dos hijas, que siguen bajo la tutela del padre, Mahmoud Tarfa.

La dramática historia de Carolina se hizo pública en septiembre del año pasado, nueve meses después de que decidiera abandonar el hogar, cansada de los golpes y malos tratos de su marido. La misionera buscó refugio en la casa de amigos y comenzó a cuidar enfermos para poder costearse sus gastos mientras iniciaba el proceso de divorcio que le permitiría acceder a un régimen de visitas. El año pasado, Carolina contó que Tarfa eludía las citaciones judiciales y con ello consiguió trabar el proceso de divorcio. Y contó que en Egipto un hombre puede divorciarse con un trámite express tras pagar una compensación a la mujer. Cuando lo hace la esposa, debe renunciar a todos los bienes materiales y también, a la tenencia de los hijos.

La misionera dijo que los planteos judiciales de su ex marido le impedían acceder a un trabajo y salir del país “porque la legislación egipcia establece que la mujer es propiedad de su esposo”.

Ayer Carolina dijo sentirse “muy contenta de volver a este lugar, donde fui tan feliz”, pero aclaró que su estado de ánimo no era el mejor. “El alma necesita unos días para recomponerse”, afirmó.

La mujer mostró su agradecimiento al Gobierno “porque siempre estuvo, golpeando las puertas que eran necesarias” y pidió que el apoyo para poder reencontrarse con sus hijas.

Carolina conoció a Mahmoud en un viaje que hizo a Egipto en 2003, cuando estudiaba antropología. El amor surgió rápidamente y el casamiento se aceleró porque el egipcio la convenció que era la forma más fácil de prolongar su estadía en el país sin tener que justificarlo ante las autoridades migratorias.

El joven contador y su esposa se radicaron en Misiones, donde nació la hija mayor, pero decidieron volver a Egipto porque Tarfa nunca logró adaptarse a las costumbres locales.

En 2005 Carolina se nacionalizó egipcia y adoptó otra identidad, la misma que Tarfa usó para anotar a su hija mayor en el país de los faraones.

Por su parte, Gabriela Arias Uriburu, quien padeció el secuestro de sus tres hijos por parte de su ex marido jordano, sostuvo que fue “muy complicado” lograr el retorno de Carolina a la Argentina. Y pidió generar desde el Estado un protocolo de asistencia a mujeres argentinas que padecen este tipo de situaciones en Medio Oriente.

Al momento de relatar el drama que le tocó afrontar, Carolina destacó que “en Egipto la mujer vale mucho menos que un hombre. El marido es dueño de su esposa y puede obligarla con la Policía a volver al hogar”, motivo por el cual buscó refugio en la casa de amigos uruguayos.

Las sucesivas golpizas y malos tratos hicieron que Pavón intentara suicidarse ingiriendo medicamentos.
“Vivíamos en un décimo piso y muchas veces pensé en arrojarme al vacío.

El suicidio era un pensamiento reiterativo en mí”, admitió.

Ahora, en Puerto Iguazú, busca la fuerza necesaria para volver a encarar otra batalla judicial con un futuro incierto. “Tengo el apoyo de la Cancillería y vamos a seguir con todo el proceso para poder acceder al régimen de visitas de mis hijas”, se esperanza.

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