Crónica de un recital que desde el principio se supo que sería caótico

DEBÍA SER UNA FIESTA, TERMINÓ EN PESADILLA

Crónica de un recital que desde el principio se supo que sería caótico

Varias veces Solari paró su actuación para pedir calma a la multitud que había desbordado el predio La Colmena.

OLAVARRIA. ENVIADO ESPECIAL.
 

A media tarde del sábado la imagen impactaba: eran 25 cuadras sobre la calle Rivadavia de la ciudad bonaerense de Olavarría con miles y miles de personas agitando latas de cervezas y botellas recortadas con fernet y vino. Cantaban: “No te lo vas a olvidar en toda la vida, que el Indio, copó Olavarría”. Pensaban ir a una fiesta amparada en la cultura del rock y el aguante. Pero fue un espejismo. El Indio Solari & Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado empezaron a tocar en el predio La Colmena a las 22, una hora despues de lo pautado. Con un clima invernal y mucho viento, que hacía que el sonido se perdiera en las ráfagas, Solari salió a escena con campera y gorra roja. Barba azul vs el amor letal fue el primer tema. El show continuó con Porco Rex, Arca Monster y Chau Mohicano.
 

Los cacheos en la entrada, a medida que pasaba la noche y con el show ya comenzado, se convirtieron en la nada misma. Así se colaron bengalas (rojas y blancas en su mayoría) y banderas de todos los tamaños y formas. A esto se sumaron los clásicos estandartes ricoteros, que flamearon a metros de su calvo semidios , hipercomprimidos sobre las vallas.
 

“A los dos o tres temas abrimos puertas para que todos entren”, dijeron en la producción del show sobre un secreto a voces: nadie se quedaría afuera por miedo a incidentes.
Claro, no se tuvo en cuenta que había que acercarse bastante al escenario para oír (y ver) bien. Luego del tema Ropa Sucia, ya estaba claro que habría problemas. El barro dificultaba el ida y vuelta de las ambulancias desde el escenario hacia la carpa de primeros auxilios. Un movil de sanidad pasó raudamente frente a este cronista, sin parar en la carpa. ¿El primer muerto? “Eyyy, eyyy, eyyyyy”. El grito desesperado del Indio cortó como un escalpelo la fría noche olavarriense.
 

“Por favor, dos metros para atrás”, gritó disfónico uno de los jefes de seguridad del grupo. “Hay alguien desmayado: ¿qué es lo que está pasando ahí? Hay gente en el piso ¡levántenlos!”, vociferó el Indio, luego de pedir que prendieran las luces. Un cordón de seguridad privada impedía el ac ceso de curiosos al sector de asistencia médica. Mientras, decenas de personas se trepaban a los baños químicos o se subían a las estructuras tubulares que sostenían los tablones que delimitaban el predio: todo valía para ver mejor al Indio, incluso arriesgando la vida.
 

En el ambiente se mezclaban la rabia, la indignación y la fiesta, sobre todo cuando sonaban los clásicos ricoteros. El show seguía, pero intermitente. “Es muy loco lo que está pasando”, dijo el Indio unos 20 minutos más tarde, para continuar con Babas del diablo. Después, Las increíbles andanzas del Capitán Buscapina, con la que invitó “a recordar a un querido amigo”.
 

Ya había aludido a la borrachera de sus fans como causal del desastre (los trató de “boludos”, entre otros epítetos) y les había exigido también que retrocedieran. Hasta amenazó con dar por finalizado el concierto. La tensión frenó otra vez en Olavarría a eso de las 23.40. “Ya no tengo más ganas de tocar”, dijo el cantante, molesto por las actitudes de Seguridad y la gente. Pero decidió continuar al rato con Esa estrella era mi lujo, engarzada a Todo preso es político. Recordó a las Abuelas de Plaza de Mayo y criticó al Estado (“por ser penal antes que social”) y la eventual baja de la edad de imputabilidad.
 

El Indio recuperó momentáneamente la sonrisa y el público el calor con el tema Nuestro amo juega al esclavo, en donde Solari se soltó por primera vez, para culminar la canción mirando fijo a su gente con el puño en alto. “Esto es una locura, ya no sabemos cómo llamarlo, un enorme agradecimiento a todos ustedes, saben que no existe en el mundo algo así”, cerró el cantante antes del cierre.
 

El final del (¿abreviado?) show llegó a través de uno de los himnos ricoteros por excelencia, JiJiJi, que la banda enganchó con Mi perro dinamita. Un cierre atipico para un show distinto. El raudo adiós del Indio, con los brazos en alto, abrió un triste bonus track: la salida del público. Por las calles Guadalupe, Esquivel o Av. Del Maestro (las tres que dividían las seis entradas generales) fue similar a la de un corralón de vacas. “Por momentos no caminabas, te llevaba la multitud”, decía un espectador.
 

En el otro extremo del predio, por donde salió este cronista, todo era oscuridad y barro. Un lúgubre espacio. Había silencio y tristeza. Contagiados por la rabia del Indio en escena, los fans sabían que no había sido un show más. Dos horas después, comenzó a llegar el rumor de fallecidos y heridos. El caos tocaba la puerta del domingo 12

LA EMPRESA ORGANIZADORA

 

Antecedente fatal La organizadora del show se llama Chacal producciones, de los hermanos Matías y Marcos Peuscovich. Ya tenía un antecedente: el 30 de abril de 2011, en La Plata, en un show de La Renga, Miguel Ramírez fue herido fatalmente por una bengala.

DE BULACIO A TIME WARP: OTRAS TRAGEDIAS EN ESPECTÁCULOS MASIVOS

 

•La primera vez que Los Redonditos de Ricota aparecieron en las páginas de policiales fue cuando, después de una semana de agonía, Walter Bulacio falleció el 19 de abril de 1991. Tenía 18 años y había ido a un recital del grupo en Obras Sanitarias.
Antes de entrar al estadio fue llevado a la comisaría 35. Allí lo golpearon hasta matarlo.
•Luego, los enfrentamientos entre los fans de los Redondos y la Policía crecieron. Así, los músicos decidieron dejar de presentarse en Obras y se trasladaron a Huracán. Allí, en 1994, 28 personas resultaron heridas y hubo 60 detenidos. Los Redondos decidieron no tocar más en Buenos Aires, promesa que rompieron en 1998 al presentarse en Racing y en 2000 al actuar en River.
•Tras la prohibición de tocar, en 1997, en Olavarría, por un decreto del intendente Helios Eseverri, Solari y los suyos marcharon en 1998 hacia Villa María, Córdoba. Y hubo otra tragedia: Javier Lencina, de 22 años, murió tras caerse del tren en el que viajaba.
•Un año más tarde, un joven sufrió traumatismos cuando fue arrojado de otro tren, en este caso para ver a los Redondos en Mar del Plata. Aquel show terminó con 100 heridos con balas de goma, un policía herido de bala y 500 detenidos.
•En 2000, Jorge Ríos murió después de haber estado nueve días internado: había sido acuchillado en un recital de los Redondos en River.
•En 2001, Jorge Felipi murió en Córdoba: se cayó desde una platea al estacionamiento en el estadio Olímpico.
•El antecedente más doloroso de la historia del rock argentino se registró el 30 de diciembre de 2004, cuando murieron 194 personas en un recital de Callejeros en el boliche Cromañón. La tragedia le costó el cargo al intendente porteño Aníbal Ibarra.
•Por su parte, la música electrónica también tiene noches penosas: en abril de 2016, cinco jóvenes murieron por sobredosis de éxtasis en una fiesta Time Warp.

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