Los encantos de un palacio

30/11/2016
Cancillería La Razón La Ciudad Pág. 6

Los encantos de un palacio

Sede de la Cancillería. El Palacio San Martín, en Retiro, fue construido por los Anchorena a comienzos del siglo XX. Hoy es la sede protocolar del Ministerio de Relaciones Exteriores y se puede visitar dos veces a la semana.

El edificio de la Cancillería argentina, en Arenales y Esmeralda, en Retiro, es algo más que una dependencia oficial y una sede protocolar. Es también, desde 1994, Monumento Histórico Nacional y se destaca por su valor patrimonial y cultural. El Palacio San Martín -tal es su nombre- fue objeto este año de un documental por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto: se trata de “Miradas sobre el Palacio San Martín”, compuesto por ocho capítulos que se pueden ver en You- Tube y en las redes sociales.

El palacio, que fue construido por los Anchorena a comienzos del siglo XX para albergar a la Infanta de Borbón, algo que nunca ocurrió, se levantó en tiempo récord, en cinco años, entre 1904 y 1909. El dron que la Cancillería utiliza en la filmación del documental muestra la distribución y permite entender la dinámica del palacio. El gran portón de hierro forjado que da sobre Arenales era, y continúa siendo, la entrada principal: hacia la izquierda se encuentra la casa uno, en el medio la casa dos y hacia la derecha, la tres. El gran patio central era además el ingreso de los carruajes.

A diferencia de otros palacios de la época, aquí no hubo calefacción central, sino chimeneas. Se ven muchas, muy distintas entre sí, en diferentes lugares de la casa, incluso en vanos de escaleras. Esta decisión explica también por qué predominan las paredes y columnas estucadas y no el mármol, que no retiene el calor y es frío. En la planta baja, se encontraban las salas de máquinas, los servicios y era donde dormía el personal masculino.

La periodista Magdalena Ruiz Guiñazú habitó el palacio entre 1941 y 1943, mientras su padre, Enrique, fue Canciller: “Eramos ocho hermanos, pero en el palacio nos instalamos las cuatro mujeres, las más pequeñas. Había vivido toda mi infancia en Europa, en casas antiquísimas, pero nunca en un palacio.

Yo comía temprano y luego me iba a mi cuarto, que quedaba en el primer piso; los techos altísimos, los pasillos, la sucesión de puertas, me daba mucho miedo”, recuerda.

El palacio se puede visitar los martes y jueves a las 15 (más información en el 4819-7297).

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