Macri, Sturzenegger y el equipo que debe aparecer antes de octubre

PAÍS ADOLESCENTE

Macri, Sturzenegger y el equipo que debe aparecer antes de octubre

Uno de los dilemas más complejos que debe resolver Mauricio Macri en el poder es el grado de independencia que debe permitirle al Banco Central. Al frente de la entidad que regula el funcionamiento de la moneda está hoy Federico Sturzenegger, un economista que hace más de diez años dejó una cátedra en Harvard para sumarse al proyecto político del Presidente.
Defensor acérrimo de sus ideas, condujo el Banco Ciudad, pasó a desempeñarse como diputado y terminó presidiendo un organismo estatal que hace de la autarquía su bandera fundamental. Sturzenegger está hoy en el ojo de la tormenta.
 

Ha diseñado metas de inflación de entre el 12 y el 17% para este año en una Argentina que intenta un aterrizaje de emergencia de una inflación cercana al 40% anual. Y para poder cumplirla, viene manejando con pulso de acero una tasa de interés que sube cada vez que la inflación amenaza con desbocarse. Eso es lo que sucedió cuando el costo de marzo trepó al 2,5% y se encendieron todas las alarmas del sistema económico. El presidente del Banco Central subió un punto y medio la tasa hasta ponerla por encima del 26%. El resto de los economistas del Gobierno estallaron con un cuestionamiento simple. ¿Cómo va a ponerse en marcha el sistema productivo de un país si el Banco Central le ofrece a los inversores rendimientos financieros mucho más atractivos que el riesgo habitual de cualquier emprendimiento de negocios? “Es caprichoso y no escucha a nadie”, dicen de Sturzenegger algunos de los integrantes del Gobierno, aún aquellos que siguen teniéndole simpatía. Esas críticas, de todos modos, son casi una suerte de música maravillosa para los oídos del presidente del Banco Central, fanático de los gráficos y de las estadísticas para explicar la dirección de sus decisiones. El viernes escribió un tuit desafiante dedicado a los que lo critican. “Es sorprendente la cantidad de defensores que tiene la inflación en nuestro país”.

 

Quien quiera oír que oiga. En el esquema de equipos que Macri eligió para su gobierno, Sturzenegger es una piedra en el zapato. El resto de los funcionarios económicos del Presidente (los big six que integran los ministros de Economía, Nicolás Dujovne; el de Finanzas, Luis Caputo; el de Producción, Francisco Cabrera; el de Energía, Juan José Aranguren; el de Transporte, Guillermo Dietrich; y el de Interior, Rogelio Frigerio) se preguntan en estos días cuánto hay de Sturzenegger y cuánto de Macri en las medidas recientes tan envueltas en la polémica. La respuesta a esa pregunta es determinante para establecer algo que todavía no está claro: cuál es el verdadero rumbo del modelo económico.
 

Si fuera por el liberalismo más romántico, el presidente del Banco Central debería ser un funcionario que no rinda cuentas a nadie. Y siempre ponen como ejemplo a la Reserva Federal de Estados Unidos, aunque ni siquiera allí funciona desconectada del gobierno de turno. En la otra vereda, el populismo cree que la entidad monetaria debe ser apenas un engranaje más de la máquina gubernamental y de sus lineamientos económicos. Pero se sabe que los estándares globales vuelan por los aires ante la realidad esquizofrénica del país adolescente.
 

Uno de los episodios dramáticos de la historia reciente fue la pulseada entre Néstor Kirchner y Martín Redrado. El santacruceño quiso echar mano a las reservas del Banco Central para pagar las cuentas de una economía que empezaba a hacer agua y el economista intentó hacer valer hasta el límite de una crisis la potestad de la entidad monetaria. Kirchner terminó echándolo para reemplazarlo por funcionarios dóciles a un costo altísimo.
 

El Banco Central jamás volvió a recuperar su credibilidad durante el resto de la gestión kirchnerista. Algo está claro a dieciséis meses de gobierno de Macri. La inflación de este año no estará entre el 12 y el 17%, como pronosticó Sturzenegger. Va a estar por encima del 20% y eso ya sería un gran avance viniendo de un costo de vida tan elevado. Pero haberse puesto metas tan exigentes lo obliga a jugar al límite con la tasa de interés y ese juego pone en riesgo la muy tímida reactivación que está teniendo la economía. Es un escenario con demasiadas carencias para un Gobierno que tiene que enfrentar elecciones tan cruciales dentro de apenas seis meses.
 

La obcecación de Sturzenegger no es el origen de todos los males de la economía. Los precios altos son responsabilidad de Cabrera. El alza de las tarifas es un tema de Aranguren. El déficit fiscal persistente es una materia pendiente de Dujovne. Si Macri ha optado por tener un equipo en vez de un superministro lo que debe mejorar es el funcionamiento del equipo. Allí está el desafío para el Presidente, y para los jefes de gabinete Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. Alcanzar el equilibrio entre una economía con responsabilidades compartidas y un Banco Central que contribuya a encontrar las soluciones sin perder autonomía. Y escapar del triángulo de las Bermudas entre la inflación, la tasa de interés y la actividad productiva. No es fácil, claro. Pero es el camino que el Gobierno ha elegido y el que necesita consolidar antes de llegar a ese laberinto de sorpresas que son las elecciones

www.prensa.cancilleria.gob.ar es un sitio web oficial del Gobierno Argentino